Silverstone (Gran Bretaña), Álvaro FAES,
enviado especial de LA NUEVA ESPAÑA
Ahora le afean la actitud que antes le jaleaban. La intensa vida social que lleva Lewis Hamilton le pasa factura cuando no le acompañan las victorias, cuando sus compatriotas ven que el título se le puede escapar de nuevo, cuando el triunfo en Silverstone no está ni mucho menos cerca. La prensa británica, la que le encumbró hasta el infinito, la que le catapultó y le apoyó a ciegas en la pelea con Alonso, le pide cuentas ahora por su sobreexposición en los medios y su dubitativo rendimiento en la pista. Curiosamente, le piden que tenga un comportamiento como el de su denostado Fernando Alonso, centrado en la pista y al margen de cualquier distracción externa. Quieren que sea como el asturiano.
Ed Gorman, uno de los periodistas más influyentes, belicoso con Alonso en 2007, llamaba ayer la atención del piloto desde su tribuna en «The Times». «Hamilton debe tener los pies en el suelo y demostrar que no ha desviado su atención de la pista». Puntualiza que el de McLaren está en el momento de elegir entre ser el mejor deportista o, simplemente, el que más gana. Gorman recuerda que «el campeón del mundo a la espera», como le llama, ganará «como mínimo», 150 millones euros en los próximos cinco años y resume el tipo de vida que lleva cuando habla de sus nuevas amistades hollywoodienses: los actores Denzel Washington y Will Smith, por no hablar de su buen trato con la modelo Naomi Campbell.
En el «Daily Mail» le llaman «Hamilton, el ubicuo», por la diversidad de actos en los que se le ha visto últimamente. En menos de una semana ha grabado un programa de televisión, ha recogido un premio en Londres y ha participado en un acto del banco Abbey, patrocinador de McLaren. También acudió al 90.º cumpleaños de Nelson Mandela y participó en una regata a bordo del barco «Hugo Boss», que sufrió un accidente durante la competición. Tomó parte de una competición de kayak en la que se hirió en la boca y viajó hasta Amsterdam, donde fue la estrella en un acto de Reebok. Será la imagen de la marca los próximos cinco años, a tres millones de euros por ejercicio. Se ve con famosos raperos y desde hace varias semanas sale con Nicole Scherzinger, cantante de las «Pussycat Dolls». «Que cene con Mandela y Clinton está muy bien, pero debe recuperar su atención y una reputación que está en duda», sentencia «The Independent».
La preocupación también ha llegado a McLaren. El año de su debut pasaba horas y horas en el simulador de Wooking. Allí forjó su grandiosa irrupción en la Fórmula 1. Esta temporada aparece lo justo y el equipo ha decidido que una persona de la compañía empiece a organizarle la agenda, incluso por encima de su padre, Anthony, que ejerce de representante y maneja los acuerdos comerciales de su hijo. Le han pedido al médico del equipo, Aki Hintsa, que sea más explícito y nada flexible a la hora de fijar entrenamientos, pautas de descanso, ejercicios y actividades físicas.